Las Líneas de
Sagitario Sagitario tiene como eje los personajes
protagonistas de Rosa Román (Ángela Molina), Jaime Sanchiz
(Eusebio Poncela) y Juan (Enrique Alcides), pero no quiere ser sólo la
historia de este trio. Por mucho que ellos ocupen el centro del
cuadro, la película compone el
mosaico de una realidad cambiante, mestiza,
agitada, tragicómica. De ahí que su peculiar estructura
cinematográfica insista en seguir las trayectorias de esa rica
diversidad humana, presentada al modo de una fábula contemporánea. Los personajes de
Sagitario coinciden con las personas que hoy mismo
circulan por las calles de las grandes ciudades, y que muchas veces nos
sorprenden cuando nos fijamos en su rostro: son nosotros mismos.
Otra idea
esencial de Sagitario
es la desigualdad propia de toda mezcla. En la película hay
jóvenes entusiastas o derrotados, ambiciosos y místicos, pero su
ardor juvenil entra en contacto con la experiencia cínica o desencantada
de los mayores. La mezcla va también en otras direcciones:
españoles, cubanos, argentinos, africanos, burgueses, artistas, muertos
de hambre, gays, heterosexuales, niñas temibles, madres acobardadas,
fanáticos de la religión, creyentes sinceros en la
espiritualidad. Entre todos nos hacen entrar en el mundo (a veces en los
submundos) de una realidad urbana, actual, que avanza, como nosotros, a la
deriva, quiada por el Azar. Y a todos les mueve un
deseo: buscar fuera de sí mismos, recurriendo si es preciso a los astros
y a la magia, lo que no encuentran en el interior de su
vida. Para reflejar
ese conjunto se ha elegido un tratamiento de mosaico o caleidoscopio en tres partes. La primera, dividida en
los días de una semana, presenta a los personajes y los relaciona. En la
segunda, que va de enero a junio del año siguiente, se han anudado
nuevos vínculos y se han roto otros. Finalmente, en la última
parte breve a modo de epílogo, vemos dónde han ido a parar
nuestros protagonistas, pasando como si se tratara de un
movimiento de cámara desde un paisaje humano en plano general a
un primer plano de dos figuras que se aventuran a ciegas hacia un destino
abierto a las incertidumbres y gozos de la felicidad.
Soy escritor y sin
embargo no me gusta como espectador ni he querido hacer un cine literario.
Viniendo de la novela y el teatro (siempre desde el lado de la escritura),
muchos han sido, a lo largo de la realización de Sagitario, mis descubrimientos, sorpresas y hallazgos en
este complicado pero deslumbrante deleite que es hacer cine. El más
gratificante de todos, el actor. Algo me imaginaba yo, después de
pasarme años encandilado por tantos rostros de mujeres y hombres de la
pantalla, pero ahora estoy plenamente convencido: sólo cuando los
personajes escritos se encarnan en los actores puede el director realizar sus
sueños. |